jueves, 27 de noviembre de 2014

Exodus vs. Egiptología

Buenas tardes, lectores del templo de Seshat. Hace tiempo que no escribo porque estoy bastante liada con las últimas semanas del curso de egiptología que estoy haciendo, y que termino este mes de diciembre. Estoy aprendiendo un montón de cosas interesantísimas con los dos excelentes profesores y egiptólogos que imparten este curso gratuito, Josep Cervelló y José Lull. Mi más sincero agradecimiento por su profesionalidad y generosidad.
Ambos profesores nos ofrecen a los alumnos la posibilidad de plantearles preguntas en relación con la temática del curso, que son respondidas en varios vídeos en directo que después son colgados en youtube. A pesar de que se supone que debe preguntarse sobre los temas que se derarrollan en el curso, muchos alumnos preguntan sobre temas bíblicos. Y es que, por desgracia o por fortuna, mucha gente relaciona ambos conceptos, Egipto y Biblia.
Referente a esto, y dado que el mes que viene tendremos la enésima versión del Éxodo bíblico en los cines (muy impresionante con sus recreaciones por ordenador y sus efectos especiales, pero una versión sobada y requete sobada de la misma historia, a pesar de todo), me gustaría hablaros brevemente del Éxodo desde un punto de vista histórico y arqueológico.
Os dejo un vídeo del egiptólogo y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, Josep Cervelló. En este vídeo se plantean varias preguntas, pero las que me interesan para esta entrada son las relacionadas con la Biblia.
Charlton Heston, más chulo que un ocho
El Éxodo bíblico, ¿Texto histórico o teológico?

Como dije, se responde a varias cuestiones. La del Éxodo comienza en el minuto 1:22:10
Especialmente interesantes son estas afirmaciones del egiptólogo:
  •  No hay ningún tipo de documentación (sobre el Éxodo) fuera de La Biblia.
  • Muy probablemente el Éxodo no es un episodio histórico como tal.
  • Cuando los arqueólogos han intentado ir a buscar el itinerario del pueblo israelita  por el desierto del Sinaí, que necesariamente (tanta gente) tiene que haber dejado rastro, no se ha encontrado ABSOLUTAMENTE NADA.
  • Desde el punto de vista arqueológico no hay ningún tipo de documentación.
  • La Biblia no es un libro histórico. Es fundamentalmente un texto sagrado.
  • Lo más probable es que tengamos que concluir que (el Éxodo) no pasó nunca.
  • Lo que es prácticamente imposible es que los israelitas estuvieran vagando por el desierto 40 años, toda esa cantidad de gente enorme, y no haya quedado vestigio ni de un campamento; cuando, para el Paleolítico, a veces tenemos documentación de campamentos de 4 personas, que han estado poco tiempo en un sitio y han dejado trocitos de sílex. Entonces, ¿Cómo no va a haber documentación arqueológica de algo tan impresionante como es el Éxodo bíblico?
  • La literalidad del Éxodo no es histórica, sin ninguna duda.
Escena de la película "Los Diez mandamientos"
"Los hijos de Israel partieron de Ramsés hasta Sukkot, unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. Salió también con ellos una muchedumbre abigarrada y grandes rebaños de ovejas y vacas". Éxodo, cap.12, versículo 37.
Poco probable, como dice el profesor Cervelló, que semejante cantidad de personas y animales no dejaran ni huella de su paso.
Por otra parte, en "La Biblia desenterrada", el director del instituto de arqueología de Tel Aviv, Israel Finkelstein y el profesor de interpretación histórica Neil Asher Silberman no dejan dudas al respecto: Es imposible que una migración de semejantes proporciones haya sido pasada por alto en los textos egipcios.
Según estos mismos autores, si la salida de los hebreos se hubiera producido en el reinado de Ramsés II, habría sido imposible que vagaran por el Sinaí. Su presencia necesariamente habría sido detectada por las guarniciones que los egipcios mantenían en la zona. Durante el reinado de Ramsés II todo el territorio de Oriente Próximo hasta el río Orontes, en Siria, era un protectorado egipcio dividido en estados vasallos y la tierra de Canaán estuvo ocupada militarmente por sus fuerzas hasta el siglo XII a.C. Por tanto, la frontera entre Egipto y Canaán estaba rigurosamente controlada, de modo que de haber pasado por el área una muchedumbre, sin duda habría existido un informe.
Tenemos el caso de los Caminos de Horus, al norte de la península del Sinaí. El papiro Anastasi V nos sirve de testimonio de la buena comunicación existente entre estas fortalezas, a través de la mención de unas cartas intercambiadas entre dichas fortalezas con motivo de la huída de 2 esclavos:
El jefe de los arqueros de Tjeku, Kakemwer, al jefe de los arqueros Ani y al jefe de los arqueros Bakenptah (...): yo fui enviado desde palacio (...) al anochecer, persiguiendo dos esclavos (...). Cuando mi carta te llegue, escríbeme sobre todo lo que les haya pasado ¿Quién encontró sus huellas? ¿Qué guardia encontró sus huellas? ¿Quiénes están tras ellos? Escríbeme sobre todo lo que les haya pasado y cuánta gente has enviado tras ellos.
Es decir, si hay un informe sobre ¡Dos esclavos!, ¿Cómo no iba a haberlos sobre 600.000 personas, más animales, etc.? 
Por otra parte, la única mención egipcia al pueblo de Israel se encuentra en la "estela de la victoria", del reinado del sucesor de Ramsés II, Merenptah, pero sitúa a Israel en Canaán.
Estela de la victoria o, mal llamada, de Israel. Museo de El Cairo
En cuanto a las hipótesis de que los llamados apiru o habiru en las cartas de Amarna (capital de Akhenatón y Nefertiti) podrían ser los hebreos, el profesor y egiptólogo José Lull nos aclara la realidad sobre este grupo. Minuto 41.30
No son un grupo étnico, sino social. Es decir, no son un pueblo asociado a un territorio concreto, sino una serie de campesinos huídos al no poder hacer frente al pago de impuestos, que se organizaron en bandas con otros personajes y a través de razzias y saqueos, ocasionaban una gran inestabilidad en la zona próximo oriental. Poco que ver con los pobrecitos hebreos esclavizados, y más con los bagaudas, de finales del Imperio romano.

Errores históricos de Exodus
(O cómo no gastarse un duro en un asesor histórico)
A falta de ver la película en cuestión, tenemos los trailers que han salido hasta ahora. Y ya en ellos, en apenas tres minutos de duración, tenemos varios errores. No me refiero a pequeños errores de vestuario, de armamento militar, de falta de policromía en Abu Simbel o de aspecto físico del faraón (que era pelirrojo y blanco, y no moreno y rebozado en maquillaje oscuro, como el actor en cuestión), que haberlos los hay.
Sino a errores colosales propios de la historiografía del siglo XIX y no del siglo en el que estamos, en que muchos profesionales escriben libros muy buenos y bien documentados, que están al alcance de todos, señores de Hollywood incluídos. Dos en concreto son los errores históricos más atroces que he podido comprobar en los trailers: 

1. Que le den a los hipogeos, yo quiero una pirámide.
En varias secuencias se puede ver la construcción de varias pirámides que dejan a la de Keops a la altura del betún. Pero hay un pequeño, diminuto, chiquitín problema: que hacía siglos que no se construían pirámides como lugar de enterramiento de los faraones, mucho menos de un tamaño tan descomunal. Para la época de Ramsés II (faraón que Hollywood se empeña en presentarnos como el tirano del Éxodo) la forma de enterramiento de los faraones, y de todo el que pudiera costearse una tumba, eran los hipogeos, es decir, las tumbas excavadas en la roca de la montaña. Un claro ejemplo conocido por todo el mundo es El Valle de los Reyes. Bueno, para todo el mundo menos para los señores de Hollywood.
De nuevo, acudimos al profesor Cervelló para explicarnos el por qué de ese cambio. Minuto 1:52:30
Con el andar del tiempo, las pirámides se abandonan (como lugar de enterramiento) (...). A partir del Reino Nuevo, las tumbas ya no son pirámides (...). Las tumbas se convierten en hipogeos (...). Las razones son de carácter simbólico. 

2. Tira del pedrusco, Josué, que me da igual que lleves tres días sin comer.
Construir un hipogeo de estrechos pasillos no es tan impresionante como una pirámide en una gran explanada, ni se pueden lucir tanto las legiones de famélicos y mugrosos esclavos, ni se puede hacer restallar con tanto ímpetu los látigos de los capataces...¿nubios? "¡Anda, mira! Qué chuli, que políticamente correcto", dijeron los señores de Hollywood, "vamos a hacer que el que azota sea por una vez un hombre negro, en vez de ser el que recibe los latigazos". Que "modelnos" estos señores de Hollywood.
Pero la realidad, y esto lo sabe cualquiera que haya abierto un libro de historia recientemente (escrito en este siglo, no en el XIX), o incluso una revista tipo National Geographic, en las que hasta hace poco no era raro ver a Zahi Hawass contándonos su descubrimiento de las tumbas de los constructores de las pirámides, entre otras cosas, es que éstos eran egipcios libres. Aunque supongo que no se les puede pedir a estos señores de Hollywood abrir más de un libro a la vez, y está claro por cuál han optado ellos...
Hay que decir, además, que los constructores de las tumbas de los reyes, reinas y príncipes del Reino Nuevo eran, también, egipcios libres: los artesanos del poblado de Deir el-Medina. Que nos han dejado auténticas maravillas, como las tumbas de la reina Nefertari o la de Seti I.
Escena de la tumba de Nefertari, valle de las reinas.
Sobre la esclavitud en Egipto de nuevo nos habla este egiptólogo. Minuto 30:18.
Los esclavos son, fundamentalmente, prisioneros de guerra. Lo cual desmonta la versión bíblica de que los israelitas fueron hechos esclavos en el propio Egipto, cuando su número aumentó tanto que el faraón los consideró peligrosos. No eran prisioneros de guerra, sino ciudadanos libres que se habían, supuestamente, asentado en Egipto en busca de una vida mejor. Por tanto, desde el punto de vista egipcio sería impensable hacerlos esclavos de repente. Y de que esto no sería posible hay varios ejemplos a lo largo de la historia egipcia, siendo el más famoso el del pueblo de origen asiático, los hyksos, que se asentaron en Egipto en época de inestabilidad interior y que consiguieron, con el tiempo, coronarse faraones y gobernar Egipto durante más de cien años, hasta que el faraón Ahmose los expulsó ¡Jolín! menuda diferencia entre hacerse faraones y construir pirámides a latigazos...Y lo mismo pasó con los libios y los nubios, faraones de Egipto durante el Tercer Periodo Intermedio. Me parece que no se llevaba eso de matar niños extranjeros en Kemet (Egipto), por mucho que diga la Biblia...
Otra versión más del tiránico faraón, Ramsés II. Uff, que cansinos. Escena de El príncipe de Egipto
¿Ahogado en el Mar Rojo? (Ramsés, no te metas pa' lo "jondo")
Finalmente, y dado que se empeñan en ponernos a Ramsés II el Grande como el faraón del Éxodo, hay que decir que, aunque se hubiera producido un éxodo, el faraón nunca hubiera sido Ramsés II. Basta con ver su momia para comprobar que no murió ahogado en el Mar Rojo cuando las aguas se cerraron (¿En serio en noviembre de 2014 (después de Cristo) alguien se sigue creyendo que un señor con un palo abrió el mar en dos?) Se trata de un anciano de 90 años, que apenas podía moverse ni comer durante los últimos años de su vida. Los estudios realizados a su momia en los años 70 en Francia cuando fue restaurada revelaron que tenía varias dolencias: padecía un absceso fistulizado en la región sub-mentoniana, purulento, que muy posiblemente le causó la muerte por septicemia. Además, tenía las vértebras de la columna vertebral completamente soldadas entre sí, lo cual le hubiera impedido caminar bien o girarse y agacharse con normalidad, por la rigidez. Vamos, menudas condiciones para ir a perseguir en carro a nadie...
Momia de Ramsés II. Museo de El Cairo. Fuente: Arquehistoria.com
En conclusión, los esclavos en Egipto procedían de las guerras; eran, por tanto, prisioneros de guerra, de modo que no es posible que los supuestos israelitas que se habían asentado en Egipto 400 años antes del Éxodo fueran hechos esclavos, sin una guerra de por medio. Entonces, siendo hombres y mujeres libres, nadie podría haberles obligado en el antiguo Egipto a permanecer en tierra egipcia, en contra de su deseo.
Más bien al contrario, eran los mismos extranjeros (libios, asiáticos, etc.) quienes entraban en Egipto, una tierra fértil y con acceso fácil al agua gracias al Nilo, en épocas de carestía. De hecho, tanto es así que en Egipto varias dinastías de reyes extranjeros se hicieron con el poder, empezando por los asiáticos hyksos y terminando por los romanos. De ser ciertos los planteamientos del Éxodo, el faraón, llámese como se llamase, habría mandado masacrar a esos extranjeron en caso de ver que suponían un peligro para la estabilidad de Egipto y para la hegemonía del poder en manos de egipcios. Por el contrario, varios extranjeros se hicieron con altos puestos de la administración y del templo, no solo ya como visires sino, como he dicho, como faraones.
La conclusión por tanto es, como dice el profesor de estudios bíblicos de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, Philip Davies, que los judíos no fueron de Egipto a la Tierra Prometida, sino que eran aborígenes de Canaán. Nunca se movieron de allí. Las comunidades israelitas se formaron a partir de varios grupos nómadas asentados en las tierras altas de Palestina que durante el II milenio a.C. experimentaron un gran crecimiento demográfico.
De modo que el relato bíblico del Éxodo podría estar basado, con evidentes cambios (debidos, entre otras cosas, a la transmisión oral del relato), en la expulsión de los hyksos, un pueblo de origen asiático, que había ido asentándose poco a poco en Egipto en épocas de inestabilidad y crisis interna, de modo que se hicieron con el poder, teniendo varias dinastías de faraones hyksos, que finalmente fueron expulsados por el faraón tebano Ahmose; es decir, fueron expulsados porque los egipcios no los querían en su territorio, para nada se les retuvo, ni mucho menos se les persiguió para que no abandonaran el país.
Finkelstein y Silberman señalan en su obra que los primeros libros de la Biblia se sistematizaron hacia el siglo VII a.C., cientos de años después de que, de ser ciertos, se hubieran desarrollado los acontecimientos bíblicos referentes a Egipto: "Quienes encargaron su redacción (de los primeros libros de la Biblia) seguramente se hallaban sumidos en una crisis política, así que mandaron elaborar varios documentos que sirvieran a sus propios fines. El texto resultó ser espléndido, pero de ninguna forma se ajusta a la Historia".
¡Y otra versión más! Esta no la he visto, pero no creo que varíe mucho. No todo van a ser superproducciones de Hollywood, también hay sitio para los Moisés low cost, o cómo aprovechar las barbas de plástico de las cabalgatas de reyes y el disfraz de egipcia "putilla" de Halloween.
Por cierto, música de Coldplay para una película épica como ésta, ¿En serio? JA JA JA JA...nada más que decir. Bueno, sí. Señor Sir Ridley Scott, apúntese el año que viene al curso de egiptología de coursera.

Bibliografía:  
- LLAGOSTERA, Esteban. "Viaje póstumo a París de Ramsés II". Espacio, tiempo y forma, serie II, Historia antigua. 2010, t.23, pp. 61-89.
- "La Biblia no tenía razón". Muy interesante, Muy especial, El verdadero Egipto faraónico. 2004, nº 67, pp. 76-81.

sábado, 15 de noviembre de 2014

La cárcel en el antiguo Egipto.


Hola a todos, en esta entrada voy a escribir sobre un tema del que no se suele hablar mucho pero que, por ello precisamente, creo que os puede resultar interesante.

La cárcel, del Reino Antiguo al Reino Nuevo
Las cárceles como nosotros las entendemos no existieron en el antiguo Egipto, pues no se pensaba en ellas como lugares de reclusión buscando la posterior reinserción de los delincuentes en la sociedad. De hecho, esta idea es muy reciente en el tiempo. No obstante, sí existieron instituciones con alguna función similar a una cárcel. Las fuentes para conocerlas son, principalmente, los antiguos textos, pues las evidencias arqueológicas son escasas y dudosas.
  • Reclusorios
Es el nombre que se le ha dado al término egipcio jeneret (jeneretu, en plural) que deriva del verbo jener, “controlar” o “reprimir”. Durante el Reino Antiguo se producen las primeras menciones a estos reclusorios. La tumba del visir Ajethotep-Hemi, de finales de la V dinastía, menciona por vez primera la acción de recluir a los criminales como castigo.
Durante el Primer Periodo Intermedio, una época de inestabilidad política en la que Egipto se vio dividido, es más frecuente la mención a estos reclusorios en los textos, algo lógico teniendo en cuenta la época de que se trata. En este periodo es usado para referirse a las fortalezas.
Reconstrucción de una fortaleza
Al menos desde el Reino Medio, y sin perder su significado de fortificación, parece haber desempeñado otras 2 funciones:   
1. Regulador y escenario de las corveas promovidas por el Estado. En ciertos documentos se nos sugiere que el Estado podía disponer de los reclusos para realizar trabajos.  
2. Cárcel, especialmente de aquellos que no habían pagado los impuestos o no habían realizado los servicios obligatorios impuestos por el estado, y de sus familias o trabajadores, que podían ser tomados como rehenes hasta que el fugado se entregase. 
Los jeneriu o "recluídos" eran sometidas a un juicio, pero no sabemos cuándo tendría lugar; antes o después del ingreso en el reclusorio.
El reclusorio, como he dicho, sirvió como lugar de producción en el que se realizaban diferentes tipos de trabajos, desde agrícolas, artesanales (destacando los textiles) y los relacionados con la explotación de minas y canteras. Estaban organizados siguiendo algún tipo de jerarquía; por encima de ellos debía estar el llamado jeneret ur o “gran reclusorio”, que sería una oficina y archivo restringido, adscrito a la oficina central del visir, que actuaba como intermediario y controlador de los otros departamentos. En él trabajaban escribas y “oyentes”. A través de esta oficina pasaban todas las decisiones judiciales relacionadas con los fugitivos, por lo que seguramente también en ella se dictaban sentencias de carácter penal. En el texto “Las tareas del visir” se nos dice que ante las infracciones, los funcionarios serían apuntados en la lista de criminales, que está en el gran reclusorio. Los cargos administrativos registran diferentes tipos de cargos dentro de los reclusorios con títulos como “supervisor”, “encargado” y “escriba del jeneret”. En cuanto a cómo eran, se caracterizan por ser centros fortificados estatales, localizados tanto en el interior de Egipto como fuera de él, en áreas periféricas y en tierras extranjeras alejadas del valle del Nilo egipcio y asociados a explotaciones mineras o a control militar de las poblaciones locales. 
Durante el Reino Nuevo, las menciones a jeneret disminuyen, y tiene el significado, sobre todo, de fortaleza. De modo que algunos autores creen que los reclusorios tal y como eran conocidos en épocas anteriores desaparecieron ahora. Pero es posible que esto se deba a que los reclusorios cambiaran de nombre, para denominarse ἰtḥw, pues estos parecen haber tenido unas funciones similares durante el Reino Nuevo.
  • "Campos de trabajo" y "campos de concentración"
La intensa actividad bélica y económica que el Estado egipcio llevó a cabo en las tierras vecinas durante el Reino Nuevo tuvo como consecuencia la llegada de prisioneros de guerra, muchos de los cuales serían destinados trabajar en los templos o, en tiempos de Ramsés III, a "campos de concentración" en fortalezas (nejetu) para tenerlos controlados (en este caso a los libios) y que asimilaran la cultura y lengua egipcia.
Libios
El papiro Brooklyn 35.1446 recoge la existencia de condenas a trabajos forzados, que pudieron localizarse en los jeneretu. Tuvo diferentes variantes, entre las que se encontraba el envío a lugares fronterizos y periféricos, como la ciudad de Silé, situada en el extremo nororiental del delta, que estaba fortificada. En el decreto de Horemheb se habla de  la amputación de la nariz y el envío a Silé como castigo a varios delitos. Un decreto del reinado de Seti I nos dice:   
Le será hecho un castigo a él cortándole su nariz y sus orejas y después poniéndole como campesino en la tierra de la hacienda del templo de Seti I…
Castigo destinado a todo aquel que no respetase los límites de las propiedades que el templo de Osiris en Abidos poseía en Nubia. El castigo de deportación más frecuente era a la guarnición de Kush para servir como soldado en esa región, especialmente a finales de la XX dinastía como castigo por el robo de tumbas o templos. Otro destino podía ser Elefantina, donde trabajarían en la cantera de granito.
Soldados
La documentación procedente de Deir el-Medina nos aporta datos sobre condenas a trabajos forzados menos duros y de duración limitada, es decir, penas leves como picar piedra o estar recluidos en el hetem, probablemente un almacén. 
  • Calabozos y mazmorras
Es difícil saber dónde eran recluidos de forma temporal aquellas personas arrestadas pendientes de un juicio, o las que tenían que cumplir pequeñas penas o castigos. Es posible que fueran retenidas en los jeneretu o en otras instituciones similares, pero no hay nada seguro. Hay más información, no obstante, para el periodo ramésida, durante el Reino Nuevo, y en concreto para la zona de Tebas:
1.    Los documentos de la ciudad de Deir el-Medina.
2.   Los papiros que narran los procesos sobre los robos de tumbas y templos. 
En el primer caso, sería el hetem o almacén, que debido a su estrecha vigilancia, servía de calabozo ocasional para encerrar a las personas de Deir el-Medina con el fin de que cumplieran un castigo. 
En varios ostraka se hace mención al “lugar del interrogatorio”, donde eran recluidos los testigos para que testificaran, y luego eran puestos en libertad. Podría ser en el templo de Maat, diosa de la justicia, que se encontraba dentro del recinto del templo del dios Montu, en Karnak, en la orilla oriental de Tebas.
Karnak. El templo de Maat estaba dentro del recinto del templo de Montu
En las actas de los interrogatorios llevados a cabo tras el robo de tumbas de finales de la dinastía XX se sugiere que los criminales y testigos estarían retenidos cerca del lugar del interrogatorio, para estar disponibles cuando el tribunal requiriera su presencia. Estos calabozos provisionales podrían estar en el granero del ya mencionado templo de la diosa Maat o en los almacenes del templo de Medinet Habu, de Ramsés III. Es decir, no existía un edificio con mazmorras como tal, sino que se aprovechaban otros edificios con una estrecha vigilancia para darles un uso provisional como calabozos, hasta que el rey dictara sentencia. Sin embargo, el preso en ocasiones conseguía librarse de su encierro mediante un soborno al carcelero o escapándose de su ocasional mazmorra.
Templo de Medinet Habu (Ramsés III)
En conclusión, los reclusorios, llamados jeneret hasta el Reino Nuevo (momento en el que pasarán a llamarse ἰtḥw), servían como cárcel y se encontraban en lugares fortificados, tanto dentro como en la periferia de Egipto. Los reclusos (previa mutilación corporal) podían trabajar en los campos, en producción artesana, minas cercanas o bien ser reclutados como soldados. Otro tipo de reclusos eran condenados a castigos más leves y temporales. En cuanto a las mazmorras y calabozos, no existían como tal, sino que se utilizaban otras edificaciones con tal fin, de manera provisional, hasta que se celebrara el juicio y se dictara sentencia.
Maat, diosa de la verdad y la justicia
Bibliografía: 
ESPINEL, Andrés Diego. "Cárceles y reclusorios en el antiguo Egipto". Castigo y reclusión en el mundo antiguo. 2003. CSIC. España, Madrid.



miércoles, 12 de noviembre de 2014

El amor y el sexo en el antiguo Egipto

Buenas tardes, egiptomaníacos. Hoy voy a hablaros de un tema tan natural como la vida misma, tanto en la actualidad, como en el antiguo Egipto: el amor y el sexo.
A pesar de la censura a que se sometió durante el siglo XIX y XX todo descubrimiento arqueológico relacionado con esta temática por parte de los primeros arqueólogos y egiptólogos, la representación de la vida amorosa de los antiguos egipcios es escasa y menos explícita que en otras civilizaciones antiguas, como Grecia o Roma. Pero podemos saber algo de cómo fue gracias a  fuentes como los poemas amorosos del Reino Nuevo, los óstraca y grafitos con escenas más explícitas, el llamado Papiro erótico de Turín, los exvotos y amuletos sexuales y las escasas referencias en mitos y literatura de la época.

Religión y sexualidad
Los antiguos egipcios tuvieron varias cosmogonías (es decir, mitos sobre el origen del mundo) simultáneamente. Una de ellas era la llamada cosmogonía heliopolitana, surgida en la ciudad de Heliópolis (o Iunu para los egipcios), donde se veneraba al dios del sol, Ra. Según este mito, recogido en los llamados Textos de las pirámides, el creador de todo fue Atum, el sol del atardecer. Como en un principio sólo existía él, tuvo que recurrir a la masturbación para crear a la primera pareja de dioses, Shu y Tefnut: Yo soy quien fornicó con mi puño. Yo me masturbé con mi mano.
Atum el creador
Con el tiempo, esta historia daría origen al título religioso de Mano del dios. Algunos egiptólogos creen que, aunque no nos haya quedado constancia, sería plausible que se celebrase algún tipo de ritual en el templo durante el cual, emulando al dios Atum, la esposa del faraón, como Mano del dios, masturbara a su esposo.
De modo que para los antiguos egipcios este acto de autosatisfacción no representaba ningún tipo de comportamiento pecaminoso.
Al mismo tiempo, sin embargo, y según cuenta Herodoto, los egipcios fueron los primeros en prohibir mantener relaciones sexuales dentro del recinto del templo. En el capítulo 125 del Libro de los muertos, también conocido como la confesión negativa (hablé de ello aquí), se dice: “No he fornicado en el Lugar Puro perteneciente al dios de mi ciudad”. 
Otro aspecto relacionado con la religión y el sexo es la llamada teogamia. O lo que es lo mismo, relaciones sexuales entre humanos y dioses; más en concreto, entre un dios y una mujer, que será la madre del futuro faraón. De modo que este, al ser hijo carnal del dios, está legitimado para gobernar. Hay varios casos en el antiguo Egipto: en el Reino Antiguo nos encontramos con que el dios Re es el padre, según el mito, de los tres primeros faraones de la V dinastía, trillizos nacidos de una mujer humana, de nombre Ruddedet, esposa de un sacerdote.
La madre de Hatshepsut y el dios Amón manteniendo relaciones, de manera muy sutil. Esta escena procede del templo funerario de la reina faraón en Deir el-Bahari.
En el Reino Nuevo, el dios (en este caso Amón) aspira más alto y deja embarazada nada menos que a una reina, la madre de la futura reina-faraón Hatshepsut. Al igual que Zeus, el dios se hace pasar por el esposo de la mujer mortal; y aunque esta termina dándose cuenta de que realmente no es su esposo, no pone reparos a la unión carnal con el dios disfrazado.
Diadema de oro y peluca
Ponerse guapa para seducir
Es muy posible que la expresión “ponte la peluca” que aparece en algunos textos literarios egipcios (como el cuento de Los dos hermanos) fuera una forma de sugerir sutilmente un encuentro sexual. 
Los cabellos de las mujeres egipcias podían utilizar postizos en forma de trenzas o ser tapados por pelucas enteras, que les cubrían los hombros y  que eran adornadas con bellas diademas, todo con el fin de seducir a sus amantes masculinos. Un poema del Reino Medio nos muestra el papel tan destacado del peinado en este juego de la seducción:
Mi corazón piensa en tu amor, mientras que sólo un lado de mi frente está trenzado. He venido corriendo a buscarte, y he descuidado mi peinado; me he soltado el pelo y me he puesto mi peluca para estar lista en cualquier momento.
Cajita para ungüentos

A una buena y bonita peluca debía unirse la depilación corporal para estar lista para la seducción. Para ello, las egipcias contaban con cuchillas y cremas depilatorias.
Y al igual que hoy en día, no podía faltar el maquillaje, para resaltar los rasgos más favorecedores y ocultar las imperfecciones. Hasta la IV dinastía se usó malaquita verde del Sinaí para maquillar los ojos, pero ya desde el período predinástico destacó el uso del kohol, una pintura negra a base de galena. Un buen perfume, joyas (collares, pulseras, brazaletes, tobilleras y, sólo tras la invasión de los hyksos, también pendientes) y un ajustado y sugerente vestido de lino completaban el atuendo usado por cualquier mujer egipcia para seducir a su posible futuro marido.
Estatua de Amarna. Los pechos pequeños, cintura estrecha y las caderas y muslos grandes eran el ideal femenino de la época.
El escenario perfecto para la seducción eran las fiestas; los banquetes en los que se comía y se bebía, a veces en exceso, unidos a una hermosa música de fondo, podían terminar con un paseo y un encuentro sexual en la intimidad del jardín, rodeados de árboles y vegetación que ocultasen a los amantes de testigos indeseados.
Banquete en la tumba de Nakht. Músicas ligeras de ropa amenizan la comida
No obstante, ambos sexos podían también recurrir a la magia, en forma de hechizos amorosos. Invocando a los dioses, se pretendía poner a estos de parte del amante no correspondido, seguido de comparaciones para hacer ver la magnitud de sus sentimientos por el ser amado y una amenaza contra los dioses, que sólo tendrá efecto si éstos no cumplen los deseos del que realiza el hechizo. 
¡Saludos a ti, Re Horakhty, padre de los dioses! ¡Saludos a vosotras, las Siete Hathor, que estáis adornadas con bandas de lino rojo! ¡Saludos a vosotros, dioses, señores del cielo y de la tierra! Ven, haz que Fulanita, nacida de Fulanito, vaya detrás de mí como una vaca detrás del forraje; como una sirvienta detrás de sus hijos; como un pastor detrás de su rebaño. Si ellos no hacen que ella vaya detrás de mí, le prenderé fuego a Busiris y quemaré a Osiris.
El matrimonio
Una vez que la seducción (o el hechizo) había tenido éxito, se concertaba el matrimonio. Pero en Egipto este era muy distinto al concepto actual, pues no hacía falta ningún tipo de ceremonia civil ni religiosa para considerar casada a una pareja. Bastaba con que ambos empezaran a habitar bajo un mismo techo.
Es posible que los padres tuvieran cierto papel en los matrimonios, como es el caso de un padre que, desconfiando de su futuro yerno, le hizo firmar un documento donde juraba que no abandonaría a su hija, so pena de ser golpeado cien veces y ser desprovisto de las propiedades que adquiriera junto a ella.
En caso de divorcio (que podía estar motivado, entre otros motivos, por el adulterio de la mujer), la hija podía volver al hogar paterno. Incluso algún texto sugiere que las mujeres, al menos en ocasiones, podían elegir a sus maridos.
En caso de que los cónyuges no estuvieran muy seguros de que su futuro esposo o esposa fuese el predilecto, tenían la opción del matrimonio a prueba, que duraba un tiempo limitado.
Pero el fin último del matrimonio solo era uno: tener descendencia. Este hecho era vital, pues no solo serían los hijos quienes cuidarían de sus ancianos padres, sino los encargados de llevar a cabo el funeral y los ritos y ofrendas posteriores en la tumba de sus progenitores. Hasta tal punto era importante tener hijos, que la incapacidad para ello era otro motivo de divorcio. Si bien siempre estaba presenta la posibilidad de la adopción.
Una madre peinando a su hija
La edad de los egipcios para casarse era muy temprana, unos 20 años para los hombres y las mujeres en cuanto tuvieran su primera menstruación.
En cuanto a las personas con las que contraían matrimonio, los egipcios no eran ni xenófobos ni racistas, de modo que podían casarse con extranjeros. No así con esclavos, con los que sólo podían mantener un concubinato, a no ser que comprasen su libertad o fuesen adoptados. Los hijos habidos con esclavas debían ser adoptados por su padre, el hombre libre, para no ser considerados también como esclavos. La poligamia, aunque se consentía socialmente, fue muy poco practicada, por lo caro que resultaría mantener a más de una esposa.
En cuanto al polémico tema de los matrimonios incestuosos, fueron algo exclusivo de la familia real, (y en ciertos momentos, no siempre) como manera de conservar el poder dentro de una misma familia. Además, tenía una base en el mito de la creación heliopolitano, en el que las primeras parejas creadas por Atum eran hermanos y se casaron entre ellos, ya que no había nadie más disponible.
Entre la gente común no se realizaba este tipo de matrimonios; el hecho de que los amantes se llamen “hermano” y “hermana” tiene más que ver con un apelativo cariñoso y no con una verdadera relación familiar.

El harén real 
Aunque la imagen que se tenga de este sea similar a los del imperio otomano, los llamados harenes en el antiguo Egipto eran en realidad una institución paralela a la administración real, pero independiente de esta. Era el lugar donde residía la reina y donde eran educados los hijos del rey, así como la residencia de las esposas secundarias del mismo. Su sostén económico lo proporcionaba la explotación de las tierras pertenecientes al harén y determinados impuestos. Entre otras cosas, allí se producían tejidos para los trajes reales.  
Para saber más del harén ver mi artículo en Egiptología 2.0 "La casa jeneret".

La prostitución 
Aunque pocos son los testimonios que nos han llegado anteriores al reino Nuevo, no hay duda de que sería frecuente y también que estaba mal vista por el conjunto de la sociedad. La prueba está en el hecho de que, tanto en la confesión negativa, como en las Instrucciones de Ptahhotep, aparecen menciones a ello.
Durante el Reino Nuevo el oficio más antiguo del mundo se ejercía en las llamadas “Casas de cerveza”, lugares considerados de perdición, por el consumo excesivo de alcohol que hacía perder el sentido común, por los rufianes que pululaban por ellos o, incluso, por el peligro de contagio de enfermedades venéreas, como la gonorrea. El papiro erótico de Turín nos permite hacernos una idea de lo que sucedería dentro de una de esas casas de cerveza, pues nos muestra a varias prostitutas con sus clientes.

Papiro erótico de Turín. Varias prostitutas atienden a sus "súper dotados" clientes.
No parece que las prostitutas vistieran de un modo determinado o actuaran de manera distinta al resto de mujeres, pero sí es posible que algunas llevaran tatuajes, por ejemplo del dios enano Bes, si bien no era algo exclusivo de las “mujeres de vida alegre”. Además, en el caso concreto de la ciudad de Deir el-Medina parece ser que las prostitutas y sus hijos eran enterradas en lugares concretos de la necrópolis. 
Al contrario que en Mesopotamia, en Egipto no hay pruebas de que existiera la prostitución sagrada con sacerdotisas.

La homosexualidad 
Evidentemente, también existió en Egipto. Hay referencias a encuentros sexuales homosexuales ya desde el Reino Antiguo. Por ejemplo, en el mito de Horus y Seth se nos dice como éste quiso tener un encuentro íntimo con Horus.
En la mastaba de la V dinastía de Niankhnum y Khnumhotep, estos dos hombres, a pesar de estar casados, aparecen representados juntos. Se ha dicho que podrían ser hermanos, pero la iconografía es similar a la de otras tumbas en las que aparece el dueño de la tumba con su esposa, de modo que es posible que hubiera una relación amorosa entre ambos.
Niankhnum y Khnumhotep.
Un texto fechable en el Reino Medio nos dice que el faraón Pepy II tuvo una relación homosexual con uno de sus generales, Sisené. Algunos autores, no obstante, piensan que no se trataría de un texto histórico, sino de un cuento con moraleja sobre el abuso de poder que ejercía este faraón. Y es que la homosexualidad no era bien vista por la sociedad egipcia, no porque se considerase moralmente reprochable, sino porque  implicaba unas relaciones sexuales en las que intervenía la penetración anal, un acto que convertía a uno de sus participantes en dominante y al otro en sometido, lo que suponía una ignominia; además, una relación homosexual no podía producir descendencia, objetivo primordial de los egipcios como ya dije.
Lo deja muy claro el capítulo 125 del Libro de los muertos
No he copulado ni me he mancillado a mí mismo. No he sido el amante de un chico joven. No he tenido sexo con un hombre que se deja penetrar.
La homosexualidad era vista como un medio de agredir al adversario y de situarlo en una situación de inferioridad que permitiera al agresor sacar provecho de su acción consiguiendo poder sobre él.
En cuanto a la homosexualidad femenina, no hay datos seguros.

Remedios contra la impotencia y afrodisíacos 
Los egipcios contaban con varios remedios para poder cumplir con sus esposas, sobre todo en los casos en que un hombre mayor volvía a casarse con una mujer mucho más joven. Poner remedio a la impotencia era de vital importancia, sobre todo, en el caso de que aún no se hubiera tenido descendencia. Pues aunque como último recurso se podía optar por la adopción, el hombre egipcio sentía como una herida en su orgullo propio no poder dejar embarazada a su mujer.
Igualmente, usaban afrodisíacos, como nos dice este texto del s. III d.C.: 
Cómo hacer que una mujer ame a su marido. Machaca semillas de acacia con miel, unta tu falo con esto y duerme con la mujer.
Posturas 
Pareja copulando. British Museum
De nuevo se tiene poca documentación al respecto, pero tenemos algunos ejemplos en las pinturas de algunas tumbas o en textos religiosos. 
El Libro de los ataúdes/sarcófagos dice: 
La mujer tendrá placer debajo de él cada vez que él copule.
Es decir, el clásico “misionero”, que podemos ver  representado en una tumba de Beni Hassan o en un ostrakon de Tell el-Amarna.
Otra postura aún más frecuente es la llamada “a tergo”, o penetración vaginal desde atrás. También practicarían el sexo anal para evitar posibles embarazos.
La cópula de pie aparece también en varias ocasiones en los ostraka.
En cuanto a la hora preferida por las parejas egipcias para dar rienda suelta a su pasión, era la noche, algo lógico si tenemos en cuenta el calor egipcio durante el día, que debía quitar las ganas incluso a los amantes más fogosos.
En cuanto a la virginidad, al contrario que en la tradición judeocristina, para los antiguos egipcios el hecho de que la mujer llegara virgen al matrimonio carecía de importancia. 
En resumen, la escasez de representaciones sobre el sexo en el antiguo Egipto no es debida a que no disfrutaran de él, o a que lo considerasen algo vergonzoso o pecaminoso, sino que preferían sugerirlo de manera más sutil que sus contemporáneos de otras culturas, como la griega o, después, la romana. En su mentalidad el sexo estaba tan fuertemente ligado a la reproducción, que era algo inimaginable pensar en él sin hacerlo también en las capacidades reproductoras del ser humano y, por tanto, en el poder regenerador de la concepción y el nacimiento.

Bibliografía: 
PARRA ORTIZ, J.M. (2001): "La vida amorosa en el antiguo Egipto". Ed. Alderabán. España, Madrid.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Blogging tips
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...