domingo, 27 de septiembre de 2015

Los obeliscos, rayos de sol en piedra

Buenos días, amigos. Este segundo artículo del mes ha tardado un poco, pero es por una buena razón que muy pronto sabréis.
Por otra parte, he creado recientemente otro blog, que complementa a este, y en el cual publicaré noticias relacionadas con la egiptología, exposiciones, novedades editoriales, etc. Se llama La gaceta de Menfis y podéis verlo aquí y seguirlo en facebook aquí.
Sin más, vamos con el tema de hoy, que he querido dedicar a los obeliscos. 
Obelisco (tejen) en escritura jeroglífica
¿Qué es un obelisco?
La palabra obelisco con que conocemos estos monumentos del antiguo Egipto es de origen griego (ὀβελίσκος - obeliskos) y quiere decir "asta o columna apuntada", mientras que su nombre egipcio era tejen, es decir, "rayo de sol". Como veremos, estos colosos de piedra están relacionados con el culto solar.
Los obeliscos eran construídos en un solo bloque de piedra (monolíto), de cuatro caras, que se va estrechando ligeramente desde la base hasta la cúspide. 
Podemos decir que se componen de dos partes: 
  • El cuerpo, que estaba cubierto en sus cuatro lados de inscripciones en escritura jeroglífica con dedicatorias a los dioses, y los títulos del faraón responsable de su construcción.
  •  El piramidión, que como su nombre indica es una pequeña pirámide, el cual originalmente estaba recubierto de una capa de oro o electrón (aleación de oro y plata), metales asociados a los dioses y, especialmente, al sol. En este piramidión se inscribían símbolos solares y figuras del rey protegido por los dioses Ra o Amón-Ra.
Amón-Ra coronando a Hatshepsut
El obelisco se asentaba sobre un basamento con un friso de babuinos. El motivo para escoger este animal y no otro nos lo explica Elisa Castel:
Su conexión (de los babuinos) con el Sol nació desde el momento en que los egipcios entendieron que los gritos que profieren estos animales al amanecer estaban relacionados con los saludos que dedicaban al astro. El babuino era precisamente uno de los pasajeros de la barca de Ra en la noche y estaba encargado de rechazar las fuerzas del caos que luchaban por aniquilar al Sol. Por todas estas razones aparecen en las bases de los obeliscos, en los relieves y en los papiros, con los brazos levantados en actitud de respeto, adoración y saludo. Sin embargo, estas características también fueron asociadas a aspectos lunares.
Elisa Castel,  Egipto, signos y símbolos de lo sagrado.
Obeliscos de Tutmosis I y Hatshepsut en Karnak
Como ya dije, los obeliscos (y las pirámides) tienen su origen en el culto solar de Heliópolis, la Iunu de los egipcios. Fue en esta ciudad del Bajo Egipto donde, según el mito de la creación heliopolitano, surgió de las aguas del caos la colina primigenia. En este montículo de tierra, que era llamado benben por los egipcios, salió el sol por primera vez, iniciándose posteriormente toda la creación.
Las pirámides y el piramidión que remataba los obeliscos son, pues, representaciones del benben o colina primigenia de la que surgió la vida.
En el templo de Ra en Heliópolis se rindió culto a la piedra benben desde el período tinita (3065-2686 a.C.), puesto que al ser el lugar donde había surgido el sol por primera vez, simbolizaba también la fertilización de la tierra por medio de los rayos solares, que dan la vida.
Reconstrucción del templo de Ra en Heliópolis. Podemos ver el benben de piedra
Los obeliscos estuvieron presentes a lo largo de toda la historia egipcia, desde el Reino Antiguo (el más antiguo data del reinado del rey Teti en la Dinastía VI, que estuvo situado en Heliópolis y tenía una altura aproximada de tres metros), hasta la época ptolemaica.
Durante el Reino Antiguo y Medio, Heliópolis fue el principal centro de culto al dios solar, lo que explica que fuera allí donde se construyeron la mayor parte de estos monumentos monolíticos en dicha época. Pero con el ascenso de Amón durante el Reino Nuevo y su asimilación con Ra (Amón-Ra) pasó a ser Tebas la ciudad donde se erigieron los obeliscos más altos, en los templos de Karnak y Luxor.
Obelisco de Sesostris I en Heliópolis, el más antiguo en pie
Considerados rayos solares petrificados, los obeliscos eran sagrados en sí mismos. Durante el Reino Nuevo se colocaron en pareja (simbolizando tanto al sol, como a la luna) ante los pilonos de entrada de los templos para marcar estos como lugares santos, las moradas de los dioses.
Obelisco de Ramsés II en Luxor. Su pareja fue llevado a París
Sin embargo, no solo los faraones construyeron obeliscos. Algunos personajes privados también los erigieron en sus tumbas, aunque eran de menor tamaño (hasta de 80 cm) y peor calidad que los construídos por los monarcas.

Su construcción y traslado
Los obeliscos procedían de las canteras de granito de Asuán, al sur de Egipto. El color rojo y rosado de esta piedra era asociado con el sol, lo que la hacía idónea para la fabricación de estos monolitos.
Aquí precisamente se conserva aún un obelisco inacabado, unido todavía al lecho rocoso por uno de sus lados; el que hubiera sido el obelisco más alto de todos (casi 43 m) tuvo que ser finalmente abandonado debido a la aparición de unas fisuras. Afortunadamente para nosotros, este obelisco inacabado nos da algunas pistas de cómo se construían.
Obelisco inacabado de Asuán
En la época de esplendor de estas agujas de piedra, el Reino Nuevo, sus medidas oscilaban entre los 20 y 30 metros y su peso podía llegar a las 1.000 toneladas.
Con estas dimensiones es de suponer que el tallado y traslado de obeliscos debía resultar una tarea extenuante, en la que participarían cientos de trabajadores. Se calcula que para el obelisco inacabado del que hablaba antes se necesitarían unas 140 personas solamente para la talla y extracción, durante un periodo de siete meses y jornadas de hasta doce horas de trabajo.
Usando bolas de dolerita (piedra más dura que el granito), mazas de madera y herramientas de cobre y, posteriormente, de bronce, los trabajadores iban separando golpe a golpe el obelisco del lecho rocoso (como vemos en la imagen de la derecha).
La cara inferior era excavada también y calzada con arena y vigas de madera para sostener el obelisco. Posteriormente, haciéndolo vascular, dejaban caer el monolito sobre un trineo, del cual tiraban los trabajadores con unas cuerdas, ayudándose de troncos de madera para hacerlo rodar.
Extracción y transporte de obelisco
A continuación, llegaba el momento de transportar el obelisco hasta su destino. Para ello se usaban grandes barcazas durante la época de la crecida del Nilo. Gracias a rampas, los trabajadores desplazaban el obelisco desde la cantera hasta la embarcación. Una vez colocado en esta, partía hacia el templo, que podía estar a cientos de kilómetros.
Barcaza para transportar obeliscos. Fuente: http://www.histarmar.com.ar/nomenclatura/ElBuque/10-obelisco.htm
Cuando llegaba a su destino había que esperar a que el nivel del río volviera a bajar para facilitar la descarga del obelisco. Luego, mediante otra rampa de adobe, cientos de obreros levantaban el monolito como vemos en la imagen de abajo, ayudándose de cuerdas, rodillos y palancas. 
Finalmente, una vez colocado sobre su base, los artesanos tallaban las inscripciones jeroglíficas en sus cuatro caras y en el piramidión.
Fuente: http://www.conec.es/2012/02/los-obeliscos-proezas-del-egipto-antiguo/

Obeliscos por el mundo
La fascinación que despertaron estos monumentos monolíticos desde la Antigüedad, unido al hecho de que, a diferencia de las pirámides, podían ser transportados, tuvo como resultado que muchos obeliscos egipcios acabaran en lugares que sus constructores no podrían ni haber soñado.
Desde los emperadores romanos (que adornaron Roma y sus villas y circos con obeliscos), hasta los exploradores europeos del siglo XIX, estos monumentos sagrados del antiguo Egipto fueron transportados lejos de sus templos para adornar plazas y parques desde Roma a París, pasando por Estambul, Londres y Nueva York, donde siguen actualmente.
Obelisco egipcio en la plaza del Vaticano
Bibliografía y webgrafía: 
- Los obeliscos, destellos solares en piedra. Egiptomanía. Barcelona: Planeta DeAgostini, 1997, volumen 3, pp. 510-513.
- CASTEL, Elisa (1999): Egipto, signos y símbolos de lo sagrado. Ed. Alderabán. España, Madrid.
- CASTEL, Elisa. "Obeliscos, emblemas del antiguo Egipto". Historia National Geographic. 2015, nº 132, pp. 26-35.
- http://www.nachoares.com/articulos/los-obeliscos-egipcios/ (consulta: 26-9-15)
- http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/9740/obeliscos.html
(consulta: 26-9-15)
- http://www.conec.es/2012/02/los-obeliscos-proezas-del-egipto-antiguo/  (consulta: 26-9-15)

viernes, 25 de septiembre de 2015

Novedad editorial: "Renacimiento", de Beatriz Malo

Buenos días, egiptomaníacos. Hoy os traigo una novedad editorial: Renacimiento, de Beatriz Malo. 
Quiero dar las gracias a la autora por enviarme amablemente un ejemplar de su novela, de la cual tendréis su correspondiente reseña próximamente.
 
Sobre la autora
Beatriz Malo nació en Guadalajara en 1991. Es licenciada en Historia en la Universidad de Salamanca, y ha hecho un máster en Historia y Ciencias de la Antigüedad en Madrid (UCM-UAM). Actualmente está realizando el proyecto de fin de máster sobre las guerras de Ramses II en la UCM y en la UAM. Su pasión por la historia, y en especial del Próximo Oriente y Egipto, se refleja también en el tema de sus novelas, teniendo como punto de unión la Antigüedad.
Otros títulos publicados son Innasum (2013) e Isis (2015). 
Beatriz Malo
Sinopsis
Traer al presente un trozo del pasado. Ese es el gran éxito que consigue un equipo de investigadores: devolver la vida por unas pocas horas a Senenmut, una de las figuras más excepcionales del antiguo Egipto.
Badia, arqueóloga y miembro del equipo, ve cumplido el sueño de toda una vida: hablar con el hombre que siempre deseó conocer y del que la separaban 3500 años.
Senenmut verá en ella a la diosa que va a juzgar su corazón y justificará su vida al lado de la mujer que fue su amante, su reina y su faraón al mismo tiempo.
Badia escuchará al fin la historia de sus propios labios, la historia de su relación con aquella mujer extraordinaria con la que compartió las instancias más altas del poder; y prolongarla así para la eternidad.
Prólogo
Si os ha gustado, podéis comprarlo aquí en formato papel, o bien en versión kindle aquí.
 


jueves, 24 de septiembre de 2015

Primer aniversario del blog

Buenos días, amigos. Hoy es un día especial para mí porque El templo de Seshat cumple su primer año. Fue un 24 de septiembre del 2014 cuando decidí abrir este blog para escribir de mi gran pasión: el antiguo Egipto. No sabía entonces si me leería mucha, poca gente o nadie, pero aún así cada día buscaba un tema nuevo sobre el que investigar para el blog.
Hoy, gracias a vuestro apoyo, El templo de Seshat tiene más de 730 Me gusta en Facebook y más de 25000 páginas vistas (que no visitas, quien esté en el mundillo blogger sabrá la diferencia, aunque algunos parecen pasarla por alto adrede).
Hubo momentos, muy al principio, en que se me pasó brevemente por la cabeza cerrarlo, pero le puse tanta ilusión y horas de trabajo a este proyecto que, afortunadamente, esa idea no volvió por mi mente.
Por vuestro apoyo, vuestros comentarios con buenas palabras, por las veces que dais a compartir mis publicaciones en las redes sociales, por los "egiptomaníacos" que he conocido y que ahora cuento entre mis amigos, por todo eso ¡Gracias!

domingo, 6 de septiembre de 2015

La reina Nefertari, "por la que brilla el sol"

Buenos días, amigos del templo de Seshat. Después de unas semanas sin publicar nada en el blog, vuelvo de nuevo para seguir dando a conocer un poco más el mundo del antiguo Egipto.
Para esta primera entrada después del verano he elegido un personaje que conocí con apenas once o doce años leyendo la pentalogía sobre el faraón Ramsés II que Christian Jacq escribió allá por los años noventa, y que fue un regalo de mi padre.
Sí, con esa edad debería haber estado leyendo Harry Potter o similares, pero la "egiptomanía" ya se había apoderado de mí. De modo que entre las aventuras del famoso faraón en los libros de Jacq y la serie de dibujos animados (también francesa) La princesa del Nilo, de la que ya os hablé aquí, la pareja real formada por Ramsés y Nefertari se convirtió en mi favorita de toda la larga historia de Kemet.
Sin más, os dejo la biografía de esta sublime reina.

La esposa predilecta de Ramsés
Si bien el faraón Ramsés II tuvo un harén propio desde la adolescencia, y ya estaba casado con dos mujeres antes de ascender al trono a los 25 años, fue una de estas esposas, Nefertari, quien siempre ocupó un lugar destacado en el corazón del rey (y en el gobierno de Egipto, hasta su muerte); hasta el punto de que Ramsés no se cansó nunca de representar a su bella Gran Esposa Real en los relieves y estatuas que mandó realizar durante su reinado.
No obstante, según Fernando Estrada Laza: 
Salvo dos excepciones, en los monumentos situados en el Alto Egipto en los que aparece el rey, éste siempre se muestra acompañado de Nefertari [...]. Por el contrario, en el Bajo Egipto -donde casi están ausentes los relieves de Nefertari- es Isetnofret la reina a quien se representa.
La razón de esto probablemente haya que buscarla en el amor filial del príncipe Khaemuaset (vástago de esta otra reina), que fue sumo sacerdote de Ptah en Menfis, ciudad situada precisamente en el Bajo Egipto.
Una prueba más de la predilección de Ramsés II por Nefertari la encontramos en el hecho de que Isetnofret no aparezca representada en los templos de Abu Simbel, aunque sí aparezcan algunos de sus hijos.
Ramsés y Nefertari. Abu Simbel
 El misterioso origen de Nefertari:
Ramsés se dio cuenta de que una de las jóvenes permanecía silenciosa. Más joven que sus compañeras, con el cabello de un negro profundo y brillante, los ojos verdeazulados, era encantadora.
-¿Cómo se llama? [...]
-Nefertari.
-¿Por qué es tan tímida?
-Procede de una familia humilde y acaba de entrar en el harén [...]. En todas las disciplinas ha tomado la cabeza de su grupo. Las hijas de familias ricas no se lo perdonan.
Christian Jacq, "Ramsés, el hijo de la luz".
Cartucho de la reina
Como vemos en este fragmento de su famosa pentalogía sobre Ramsés II, así como en su libro Las egipcias, el egiptólogo y escritor francés Christian Jacq le otorga a Nefertari un origen humilde.
Otros egiptólogos opinan que sería una mujer de la nobleza, probablemente tebana.
Sin embargo, la primera opción parece poco probable, y más tratándose Ramsés II del miembro de una familia recién llegada al trono, que necesitaría la legitimación mediante el matrimonio con una mujer de sangre real, como hiciera Horemheb con Mutneyemet, hermana de Nefertiti. 
La segunda opción no explicaría el silencio que existe sobre sus orígenes, como si se intentara ocultarlos deliberadamente. Al fin y al cabo, no sería la primera reina que no procediera de la realeza; su propia suegra, Tuya, procedía de una familia de militares.
Entonces, ¿Por qué Nefertari es una "huérfana histórica"?
Existe una tercera opción: Nefertari procedía de la familia real; en concreto, de la polémica familia real de Amarna.
Teresa Bedman
En su novela La reina hereje (reseñada aquí), Michelle Moran nos presenta a una joven princesa Nefertari, huérfana de padre y madre tras el fin de la llamada revolución amarniense, que es acogida en la corte de los nuevos soberanos de Egipto, fundadores de la XIX dinastía: Ramsés I y Seti I.
Otra defensora de esta tercera hipótesis sobre el origen real de Nefertari es Teresa Bedman, que en su obra Nefertary, por la que brilla el sol nos habla de lo conveniente que fue para los recién llegados al trono desposar al príncipe heredero Ramsés con la última superviviente de la antigua familia real: Nefertari Merit-en-Mut (La más bella, amada de Mut).
Pero Bedman va un paso más allá y nos plantea la posibilidad de que Nefertari fuese también hija de Seti I y, por tanto, hermanastra de Ramsés. 
Según la egiptóloga hay indicios de que, a pesar de no conseguir tener un hijo varón, Horemheb y Mutneyemet sí llegaron a tener una hija, de nombre Tanedjemi (cuya tumba, QV 33, se encuentra en el Valle de las reinas). Sería precisamente esta misteriosa mujer la madre de Nefertari y Gran Esposa Real de Seti I.
Cuando Sethy I se convirtió en el único rey de Egipto era un hombre maduro, en la plenitud de su vida, por lo que parece difícil que Mut Tuya (madre de Ramsés II) fuera su primera y única consorte. Es más, durante este reinado ella nunca llevó el título de Gran Esposa Real, ni siquiera el de Esposa, y sólo se la conoce por el de Madre del rey que le fue dado por su hijo Ramsés II cuando éste subió al poder, así como los dos títulos anteriores.
[...] Ramsés II [...], por ser hijo de una mujer que solamente tenía el título de Ornamento Real, no estaba destinado a ocupar el trono. [...] Sethy I [...], procuró la fórmula para respaldarle y que, a su muerte, pudiera ser coronado rey del Alto y Bajo Egipto, sin discusión alguna. Para ello había reservado para el príncipe heredero a [...] su hija preferida (Nefertari).
Teresa Bedman, Nefertary, por la que brilla el sol.
Árbol genealógico de la reina Nefertari, según Teresa Bedman.
Por tanto, a pesar de considerarla idónea para transmitir la legitimidad a los recién llegados al trono mediante su supuesto matrimonio con Seti I, la Gran Esposa Real Tanedjemi fue deliberadamente borrada de la historia por su vinculación con los considerados herejes de Amarna.
Los defensores de esta hipótesis sobre el origen de Nefertari se basan, entre otras cosas, en el hallazgo en 1904 en su tumba de un pequeño pomo de fayenza azul, que habría formado parte de un cofre, y que llevaba el cartucho del faraón Ay (supuesto bisabuelo de Nefertari).
Pomo con el cartucho de Ay
Otro dato interesante que nos aporta la autora, que aunque no pruebe nada por sí solo resulta cuanto menos curioso, es el hecho de que en una inscripción de la sala III de su tumba en el Valle de las Reinas, Nefertari es llamada la del pelo bermejo. Como se sabe desde la década de los setenta, cuando se realizaron unas pruebas de ADN a la momia de Ramsés II, él también fue pelirrojo. El rojo era un color asociado al dios Seth, del cual tomaba su nombre el propio faraón Seti, ¿Es posible que éste también tuviera ese color de cabello, que habría transmitido a sus descendientes?

Mientras Osiris se asocia al color negro [...], Set es recordado por el rojo, color nefasto y peligroso. Gracias a los resultados obtenidos en los exámenes de su momia, podemos decir que Ramsés poseía una cabellera pelirroja [...] que le convertía, ante todo, en <<compañero de Set>>.
El gran faraón de Egipto, Ramsés II. Bernadette Menu.
En cuanto al lugar de nacimiento de la reina Nefertari, Bedman baraja tres posibilidades: la corte de Tebas (lo que confirmaría el origen tebano que le dan otros egiptólogos); el palacio de Mi-Ur (a la entrada del oasis de El-Fayum), o la ciudad de Nen Nesu (la llamada Heracleópolis Magna por los griegos). Uno de estos tres lugares pudo ser el que viera venir al mundo en torno a 1299 a.C. a la Princesa Hereditaria, la amada de Mut, la que había sido hecha bella, Nefertary.
Nefertari, imagen de su tumba en el Valle de las Reinas.
Los hijos de Nefertari
Casada desde su adolescencia con el príncipe heredero, al igual que Isetnofret, Nefertari le dio varios hijos e hijas a Ramsés, tanto antes como después de su ascenso al trono (el número varía, aunque al menos fueron entre seis y ocho); entre estos hijos se incluía el primogénito del faraón, llamado Amonherjepeshef. Otros hijos e hijas, en orden de nacimiento, fueron Reherounemef, Nefertari (el nombre de su madre en Abu Simbel no se conserva, pero parece probable que fuera hija de esta reina), Nebet-taui (el nombre de su madre tampoco se conserva, pero fue una Gran Esposa Real), Meritamón (Gran Esposa Real de su padre tras la muerte de su madre), Henut-taui, Meri-Ra y Meri-Atum.
Para estos hijos habidos con la reina, Ramsés II reservó importantes funciones en el gobierno de Egipto: ellas, como reinas; ellos como sumos sacerdotes, militares de alto grado y por supuesto el trono, que fue pasando de unos a otros a medida que fallecían; recordemos que Ramsés II vivió unos noventa años.
Meritamón, hija y Gran Esposa Real de Ramsés II. Museo de El Cairo
El papel político y religioso de Nefertari
Al igual que otras reinas antes que ella, la participación de Nefertari en la política extranjera fue muy importante. Tras el conflicto con los hititas, que desencadenó en la célebre batalla de Kadesh (1274 a.C.) y varios años de tensión entre la corte hitita y la egipcia, Nefertari participó en las negociaciones para alcanzar la paz entre ambos imperios mediante el envío de cartas con su homóloga hitita Puduhepa, esposa de Hattusil III. Junto con estas misivas las reinas intercambiaban regalos, como tapices o joyas, y sus deseos de que todo marchase bien en sus respectivos reinos.
Coronación de Nefertari por Hathor e Isis. Abu Simbel
La presencia de Nefertari en los grandes actos y ceremonias religiosas comienza desde el primer año de reinado de Ramsés, pues la reina participó ya en los ritos de la ceremonia de coronación; también estuvo presente junto a su esposo en Abydos con motivo del nombramiento de Nebunenef como Sumo sacerdote de Amón, en las celebraciones de la fiesta de Opet, o en los festivales en honor al dios de la fecundidad Min.
De todas estas ceremonias nos ha quedado constancia gracias al afán de Ramsés II por representar, en relieves y estatuas, a su reina participando en estos importantes actos religiosos; así, podemos verla en Karnak, Luxor o el Ramesseum.

Los monumentos de la reina
-Abu Simbel... ¿Qué rey hizo nunca semejante ofrenda a una reina?
-¿Qué rey tuvo nunca la suerte de casarse con Nefertari?
C. Jacq, Ramsés. La dama de Abu Simbel
Los templos de Abu Simbel se sitúan en la antigua Nubia. El mayor estaba dedicado a los dioses Amón, Ptah, Ra y al propio Ramsés divinizado.
Cerca de éste se encuentra el llamado templo pequeño, el cual está dedicado a la diosa del amor Hathor y a la propia Nefertari.
Mientras que en el templo grande predominan las estatuas de Ramsés (la reina y sus hijos son representados a un menor tamaño), en el templo pequeño vemos uno de los pocos casos en Egipto en que la reina es representada del mismo tamaño que el rey.
Dos estatuas de Nefertari son custodiadas por otras cuatro de Ramsés; junto a ellos, en menor tamaño, los hijos e hijas de los reyes acompañan a sus padres desde hace tres mil años.
Templo pequeño de Abu Simbel, dedicado a Hathor y Nefertari
Ambos templos fueron finalizados e inaugurados en algún momento del año 24 de reinado de Ramsés II (1255 a.C.). Precisamente es este año la fecha más alta que tenemos para datar la vida de Nefertari. Este dato, unido a la presencia de la princesa Meritamón en el séquito real que viajó hasta Nubia y su participación en las ceremonias de inauguración de ambos templos, ha llevado a pensar a los egiptólogos que para entonces o bien Nefertari ya habría fallecido, o bien estaría enferma y habría pedido a su hija que la sustituyese. 
-Me muero, Ramsés, muero agotada, pero aquí en tu templo, contigo, tan cerca de ti que formamos un solo ser, para siempre.
[...] Sin rebeldía y sin temor, el aliento de Nefertari acababa de extinguirse.
[...] El faraón levantó hacia el cielo el sublime cuerpo de aquella a la que amaría por toda la eternidad, la dama de Abu Simbel, Nefertari, para quien brillaba la luz.
C. Jacq, Ramsés. La dama de Abu Simbel
El escritor francés nos presenta la muerte de la reina de esta conmovedora manera, pero realmente no se sabe el lugar ni el momento exactos de la muerte de Nefertari, aunque sin duda fue antes del año 30 de reinado de Ramsés, cuando la reina tendría entre 40 y 50 años.
Para la que había sido su compañera durante más de veinte años de reinado, el faraón mandó construir la más hermosa tumba del Valle de las Reinas (QV 66), muy cerca de la de su madre Tuya (QV 80). En ella, el mayor constructor de Egipto, omnipresente a lo largo y ancho del país del Nilo, cedía el protagonismo a Nefertari, pues Ramsés no aparece representado, ni mencionado; solamente Nefertari aparece rindiendo culto a los dioses, en su camino hacia la eternidad.
Tumba de Nefertari (QV 66)
Descubierta en 1904 por el italiano Ernesto Schiaparelli, desgraciadamente ya había sido robada y sólo se pudieron encontrar unos pocos objetos (amuletos, sandalias, restos de una momia y de la tapa del sarcófago y el anteriormente mencionado pomo de Ay, entre otras cosas). 
Sin embargo, las pinturas de la tumba, por si solas, son un auténtico tesoro; sin duda, la de Nefertari es la tumba más hermosa de todas las encontradas en Egipto.
La reina, guiada por Horus.
Nefertari en el cine
Hasta el momento la aparición de Nefertari en el cine y la televisión, al igual que en el caso de su esposo, se limita a películas y series bíblicas sobre el Éxodo, que nada tienen que ver con la realidad de estos dos personajes históricos; mucho menos cuando nos presentan a Ramsés como un déspota y a Nefertari como una intrigante infiel, enamorada de Moisés. Basta recordar la famosa película protagonizada por Charlton Heston y Yul Brinner, Los Diez Mandamientos (1956), o series de televisión como esta.
La reina Nefertari en Exodus y Los Diez Mandamientos
En otros ejemplos, como Exodus (2014), Nefertari es ninguneada o, simplemente, ni aparece.
El único caso en que podemos ver a la pareja real sin influencias bíblicas ni extraños affaires amorosos es, curiosamente, una serie de dibujos animados francesa, La princesa del Nilo (1998).
Ramsés y Nefertari en La princesa del Nilo
En resumen, aunque el origen de esta reina sigue siendo un misterio y hay tanto partidarios como detractores para cada una de las distintas hipótesis que se han planteado sobre sus progenitores, de lo que no hay duda es del importante papel que tuvo Nefertari en la política y en el corazón de uno de los reyes más famosos del antiguo Egipto.
Aunque Ramsés sobrevivió a su primera Gran Esposa Real otros cuarenta años más y, finalmente, el heredero al trono sería Merenptah (hijo de Isetnofret), tras la muerte del resto de sus hermanos mayores, Ramsés II dejó constancia de su predilección por Nefertari en una inscripción en piedra en Abu Simbel; en esta podemos seguir leyendo más de tres mil años después: Nefertari, por la que brilla el sol.
¡Qué hermosa era Nefertari! Ramsés la admiraba mientras ella dirigía los ritos de consagración de una nueva capilla dedicada a la diosa lejana.
Ella, dulzura de amor, aquella cuya voz concedía la alegría y no pronunciaba ninguna palabra en vano, ella, que llenaba el palacio de su perfume y su gracia, ella que sabía ver el bien y el mal sin confundirlos jamás, se había convertido en la adulada soberana de las Dos Tierras [...]. Parecía pertenecer al universo de las diosas, donde juventud y belleza nunca se apagan.
Christian Jacq, Ramsés. La dama de Abu Simbel
Bibliografía:  
-BEDMAN, Teresa (1999): Nefertary, por la que brilla el sol. Ed. Alderabán. España, Madrid.
-JACQ, Christian (2000): Las egipcias. Ed. Planeta. España, Barcelona.
-MENU, Bernadette (2005): El gran faraón de Egipto, Ramsés II. Ed. RBA. España, Barcelona.
-ESTRADA LAZA, Fernando. "Nefertari, aquella por la que el sol brilla". Historia National Geographic. 2006, nº 31, pp. 32-43.
-CASTELLANO, Nuria. "La tumba de la reina Nefertari". Historia National Geographic. 2015, nº 141, pp. 24-37.

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